Qué son y cómo afectan los egregores?

Qué son y cómo afectan los egregores a las personas?

Para comenzar un nuevo año queremos compartir este breve artículo acerca de qué son y cómo afectan los egregores a las personas y a los grupos. Mucho más de lo que nos imaginamos.

Qué son y cómo afectan los egregores a las personas? Lo primero que tenemos que decir al respecto es que los egregores son manifestaciones humanas que cobran vida propia. Son nuestras vibraciones las que provocan su surgimiento y duración en el tiempo, fundamentalmente a raíz de nuestros pensamientos y emociones.

Ya nos hemos referido anteriormente a que los seres humanos como los animales y todos los seres de los reinos vegetal y mineral emitimos vibración. De hecho por ejemplo puede ser medida por la Radiestesia o por los sanadores cuánticos. Diversas disciplinas alternativas como las Flores de Bach, el Biomagnetismo, la terapia Clark, la Bioingeniería Cuántica y muchas más trabajan sobre la base de emisión de frecuencias. Diversos estudios científicos también lo avalan. De hecho Tesla y Newton coincidían que detrás de todo hay ondas. «Todo está hecho de luz» afirmaban.

Cuando nuestros pensamientos o emociones vibran a gran intensidad y por mucho tiempo se puede formar un egregor. Es decir, esa vibración cobra vida por sí misma y se transforma en un ente independiente, en una corriente de energía que ocupa espacio. El problema es cuando esa corriente de energía fue formada por pensamientos negativos, basados en el miedo, las frustraciones, los temores o el dolor. Esa corriente de energía es capaz de encapsularnos y bloquearnos.

Los egregores son componentes psíquicos que forman un campo de energía común a partir de un modo de pensar, de sentir o de actuar de cada uno de nosotros.

Además se potencia cuando muchas personas se unen a esa corriente. Pensemos por ejemplo en el fervor que provocó Hitler en el siglo pasado. Sin dudas allí operaba un egregor nazi. A menor escala un egregor puede identificar a una figura pública, como Luis Suárez o Leonel Messi, como también a una institución, Peñarol o Real Madrid. Es decir, cuando muchas personas sostienen una idea o un pensamiento durante períodos prolongados se conforma un egregor que presenta identidad y autonomía, creando límites energéticos y normas propias.

Parece complejo de entender para nuestra mente. Lo es. ¿Cómo podemos imaginar que un pensamiento o emoción cobre vida propia y nos afecte, tanto individual como colectivamente?

“Desde el momento en que, al menos dos personas, comparten una visión, forman un egregor. Algunos tendrán una vida útil corta, otros durarán por siglos: una historia de amor puede durar unos pocos días, el egregor de la iglesia católica tiene más de 2.000 años”, dice Alain Brêthes, quien ha investigado en profundidad el tema.

Según Brêthes existen al menos tres categorías de egregores.

Los egregores neutros, que en realidad son los más numerosos. Estos son las amistades del barrio, de un centro de estudio, los círculos profesionales o grupos de amigos y de vecinos. No generan una corriente energética negativa ni positiva.

En segundo lugar nos encontramos con los denominados egregores “limitantes” o negativos. Son aquellos propios del ego, surgidos de miedos o frustraciones. El individuo tiene que adoptar las creencias y los patrones de comportamiento de un grupo de referencia para mantener una sensación de seguridad personal. Este es el caso de los partidos políticos, las religiones o diversas instituciones o colectivos. Estos egregores son los más potentes, ya que están más difundidos y son más compartidos. El egregor tiende a apoyarse en imágenes o en símbolos. Pensemos en la cruz para los cristianos o la esvástica para los nazis o el yin y el yang en Oriente. Cuando los seres humanos proyectamos nuestros pensamientos en esos símbolos el egregor se potencia más y la corriente de energía creada se refuerza y fortalece. Parecería que algo nos empuja a seguir en ella, algo más fuerte que nosotros nos mantiene dentro de sus límites y nos lleva a actuar o a reaccionar de forma que no nos imaginábamos («No sé por qué lo hice», afirman algunos impulsados por los egregores).

Finalmente existen los egregores denominados “fructíferos” o positivos. Son aquellos capaces de elevar nuestra conciencia, poniéndonos a tono de la unidad y la armonía con nosotros mismos y el resto. En estos casos los egregores conforman una corriente de energía que nos conecta y sensibiliza en el amor y la comprensión, que nos permiten elevar nuestra frecuencia y nuestra onda vibracional. Son aquellos que denominamos como «buenas ondas o buenas vibras».

Es importante tener presente que los egregores que se crean cuando una persona o un grupo de personas piensan y proyectan un cierto tipo de energía sobre un concepto, una emoción, un objeto, un sentimiento, formándose un campo energético asociado a ese evento. Ese campo energético se vuelve autónomo y una vez creado, todo aquel que se “une” y “sigue” a ese egregor, es capaz de sentir la conexión energética, su “peso” sobre tu psique, sus efectos, sus beneficios o sus perjuicios, consciente o inconscientemente. De esta manera se pueden explicar los fanatismos religiosos, sectarios, políticos, deportivos. Es como una fuerza exterior que potencia nuestra identificación con ese grupo, persona, institución o símbolo.

Pierre Mabille, médico y antropólogo, entendía que los egregores poseían “una personalidad diferente a la de los individuos que lo componen”. A cualquiera de nosotros nos ha ocurrido alguna vez que un pensamiento arraigado por largo tiempo termina por sobrepasarnos. De alguna forma se vuelve autónomo y actúa y persiste en nosotros, siempre y cuando lo alimentemos con nuestras creencias, como pueden ser los arquetipos de Jung.

«El bioquímico Rupert Sheldrake se refiere a la existencia de un campo morfogenético. Es decir, el sentir de una persona ejerce una fuerza sobre sí misma y sobre otro individuo. Este movimiento, por resonancia, influirá en sus comportamientos y pensamientos”, dice Rosa Claire Detève,

De acuerdo a David Topi, «cuando uno, a veces, trata de conectar con ciertos personajes mitológicos, con dioses, con “maestros”, etc., no conecta con el supuesto ser que fue tal o cual personaje, sino que conecta con su egregor correspondiente, con la proyección generada por millones de personas respecto a ese ser, maestro, o “dios” de cualquiera de las culturas existentes y precedentes de nuestra historia. Esos egregores, no son “el ser” al que creemos pedir ayuda, sino el arquetipo energético formado por la imagen que tenemos de ese ser o persona, y que es lo que, vibracionalmente, está más cerca nuestro, cuando hacemos esa oración, petición, o conexión con esa fuerza superior, deidad o maestro ancestral. En casi todos los casos, la oración a “San Fulanito” no es más que una conexión con el egregor de San Fulanito creado durante siglos y “su respuesta” no es más que la resonancia de “vuelta” que notamos cuando nos conectamos a ese egregor, que, como energía consciente que puede ser, tiene cierta “capacidad” de maniobra para interactuar con nosotros.

A la hora de entender qué son y cómo afectan los egregores a las personas, es importante señalar que algunos individuos tienen la capacidad de crearlos a consciencia y manipularlos. De alguna manera los antiguos hechiceros o los ocultistas o incluso los masones han sabido manejar los egregores en su beneficio. Se decía que algunos seguidores de Hitler investigaron profundamente su funcionamiento.

También muchos referentes del plano de luz afirman que hay lugares de alta vibración que están intencionalmente bloqueados por egregores, utilizados por entidades «negativas» en la Tierra para retrasar su ascensión.

Lo cierto es que ese campo de energía llamado egregor puede ser creado intencionalmente. Pero también puede ser transmutado o eliminado. Las Flores de Bach por ejemplo son potentes transmutadores de egregores si son bien utilizadas. Pero la forma más evidente para impedir que los egregores nos afecten es nuestra intención.

Según David Topi «puesto que un egregor es energía creada por la proyección de los seres humanos a través de nuestros cuerpos emocionales y mentales, los seres humanos también podemos limpiarlos y desmontarlos de la misma forma, simplemente con la intención de hacerlo, aunque, depende del egregor que sea, esto requiere una cantidad de energía por parte de las personas que lo desean limpiar equivalente o casi igual a la energía del egregor en cuestión a limpiar». Los egregores se borran «con la intención de hacerlo. Con un trabajo energético que pasa por conectar con ese campo de energía, por “recogerlo” mentalmente o con la fuerza de tu voluntad en algo que puedas manejar, en mi caso, lo convierto en una sola “bola”, por muy grande y expandido que esté hasta ese momento, por muy negro o brillante que esté en unas partes o en otra, según las críticas, pensamientos en contra o comentarios a favor de lo que voy haciendo, y una vez tengo la “bola” energética bajo el control de mí voluntad, la transmuto, la disuelvo y la mando de vuelta al estado primordial del que nació, digámosle, de vuelta al “éter”. Cada vez que lo hago, algo hace un “reset”, me libero de la energía proyectada sobre el concepto que se asocia a mi, y vuelta a empezar, porque, de nuevo, poco a poco, se vuelve a formar una masa energética nacida de las nuevas opiniones, emociones, sentimientos o pensamientos asociados a ti y la imagen creada sobre ti por los demás».

Esperamos que con este artículo te haya quedado más claro qué son y cómo afectan los egregores a las personas. Si sospechas que estás envuelto o bloqueado por uno de ellos no dudes en realizar Reiki, tomar Flores de Bach o llevar a cabo alguna terapia energética.

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