El desodorante antitranspirante produce cáncer

A la hora de ir a comprar a un supermercado o a la farmacia algo que nos quite el mal olor en las axilas muchas veces obviamos los posibles peligros del uso de productos que nos brindan aromas y sensaciones agradables. Diversas investigaciones han llegado a la conclusión que el desodorante antitranspirante produce cáncer. Sí, ese mismo que te pusiste hoy para ir a trabajar o para una salida de fin de semana.

La publicidad de los desodorantes y antitranspirantes es infinita. Y la forma de venderlos siempre se asocian a un cuidado estético. Es que es cierto, a casi nadie le gusta oler mal en lugares compartidos. Imaginemos un ómnibus en verano sin el uso apropiado de fragancias y buenos olores. Los desodorantes y antitranspirantes nos permiten compartir espacios sin taparnos la nariz.

Pero los riesgos de su uso indiscriminado son muy altos, fundamentalmente cuando nos referimos a los antitranspirantes, los cuales no permiten que las toxinas del organismo salgan y eso lleva a que se acumulen en el cuerpo y muten a células malignas. En el caso del desodorante los riesgos son menores ya que introduce un rico olor en la zona pero no detiene la liberación de toxinas.

Los componentes químicos de los antitranspirantes son nocivos para la salud humana y en algunos casos aumentan el riesgo de padecer cáncer de mama de manera altamente significativa tanto en hombres como en mujeres.

El aluminio del antitranspirante provoca cáncer

El aluminio del antitranspirante provoca cáncer

A la hora de adquirir un desodorante o antitranspirante nos preocupamos primero por el olor y luego por la posible irritación que nos pueda generar. Pero en la mayoría de los casos dejamos de lado los efectos desvastadores que pueden tener en nuestra salud.

¿Por qué se usa el aluminio en los antitranspirantes? Porque evitan la sudoración. Es decir impiden que las toxinas del cuerpo sean liberadas. ¿Y qué pasa con esas toxinas que no pueden salir? Generalmente el organismo coloca estas toxinas en las glándulas linfáticas que se encuentran debajo de los brazos. El problema es cuando día tras día se acumulan esas toxinas. El cuerpo no puede eliminarlas de forma natural y en la zona se genera un ambiente con menos oxígeno, lo cual lleva a que las células muten para sobrevivir. Eso es cáncer.

Pero eso no es todo. El problema no es solo evitar la sudoración y acumular las toxinas. El problema también es qué ocurre con todos los componentes químicos que colocamos en nuestra piel.

Según un estudio del Journal of Applied Toxicology, se ha podido establecer que el aluminio que colocamos en las axilas «es depositado en el tejido mamario e incluso puede ser encontrado en líquido aspirado del pezón». El estudio comprobó «que el nivel medio de aluminio en el líquido aspirado del pezón era significativamente alto en las mujeres afectadas por el cáncer de mama en comparación con los niveles de las mujeres sanas».

Es contundente la conclusión, más allá que las empresas vinculadas a los desodorantes y antitranspirantes presenten informes y evidencias que afirmen lo contrario.

Lo cierto es que el organismo humano no está suficientemente preparado para este bombardeo continuo de químicos en la piel. Los daños pueden ser irreversibles.

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¿Qué alternativa usar para los desodorantes y antitranspirantes?

Los antitranspirantes obviamente habría que descartarlos para evitar males mayores.

Los desodorantes son mucho menos nocivos que los antitranspirantes ya que permiten la liberación de toxinas. El problema radica en los químicos que se depositan en la piel. Por lo tanto su uso sistemático tampoco es recomendado.

¿Y entonces qué?

El sudor no genera olor en sí mismo. Lo que genera el olor desagradable es la acumulación de bacterias en ese ambiente húmedo. Por lo tanto lo que causa el mal olor son las bacterias. De hecho hay varios avisos publicitarios de desodorantes y antitranspirantes que así lo indican.

La manera más práctica de eliminar esas bacterias es con agua y jabón. Pero entre lavado y secado se gana en incomodidad y se pierde en tiempo.

En la historia de la humanidad el uso del primer desodorante natural lo vemos en Egipto. ¿Y qué usaban los egipcios para eliminar el mal olor? El limón. Sí, ese mágico limón es capaz que quitarnos el mal olor de las axilas. El ácido del limón elimina totalmente a las bacterias que proliferan gracias a la sudoración. Es sumamente efectivo. Bastan 10 gotas de limón en cada axila para notar los excelentes resultados. Es cierto que no nos brinda un gran aroma ni cautivará a princesas o príncipes del otro género. Pero sí es una herramienta extremadamente sana y totalmente eficaz. Basta con probarlo y luego nos comentan.

Obviamente que el limón no es el único capaz de eliminar las bacterias causantes del mal olor. Pero en Uruguay no tenemos grandes problemas en acceder al cítrico amarillo y su uso es viable.

Tomar sol en las axilas es otra gran alternativa para eliminar las bacterias. Otra alternativa podría ser colocar cuatro o cinco gotitas de vinagre de sidra de manzana en una cucharita de agua y frotar. Es otro gran victorioso en la lucha de las bacterias.

Luego están los preparados naturales más complejos, como los que arman una pasta con bicarbonato de sodio, limón y canela. También su uso es muy efectivo, deja un aroma levemente rico y es más práctico de usar. El inconveniente es que su fabricación es casera y hay que dedicarle un rato para elaborarlos.

Nuestra sugerencia más práctica es el limón y para determinadas circunstancias el desodorante.

 

 

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